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| Solidaridad con Caridad |
Los hombres nacemos con un gran vacío en el corazón. Es ese lugar que espera ser llenado por ¿Alguien?, por ¿algo?, por ¿éxito?, ¿fama tal vez?, ¿riqueza? ¿poder?. Lo cierto es que la mayor parte del tiempo estamos inquietos. Bueno, es que metaforicamente el corazón nunca duerme. Nuestro corazón es el órgano impulsor para lograr que todo el complejo entramado del aparato circulatorio trabaje eficientemente. Si el corazón enferma, todo el organismo es puesto en grave riesgo. No... aquí me refiero a ese lugar que rige nuestras inquietudes, nuestros más íntimos anhelos, e incluso nuestros más profundos temores. Y es que pasamos nuestra vida luchando por conseguir aquello que creemos que esta vez sí llenará ese vacío que aún no está satisfecho. Intentamos de todo, pasatiempos, ejercicio, estudio, buen trabajo, posesiones, dinero, amistades; lo cierto es que hay un gran anhelo de Felicidad en nosotros.
Veamos, Felicidad : "Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien". "Satisfacción, gusto, contento". Estas definiciones me parecen superficiales comparadas con las profundas inquietudes que hay en el hombre. Está comprobado que mientras el hombre no posee ciertas cosas, asegura que en ello está la felicidad, pero una vez que lo posee todo se va volviendo caduco para él. A menos que se aferre a ellas y trate de sofocar el deseo de la 'perfección' que hay en su corazón.
Perfección: Acción de perfeccionar. Perfeccionar: Acabar enteramente una obra, dándole el mayor grado posible de bondad o excelencia.
Mucho se piensa que la perfección humana no existe, que es imposible de alcanzar. Tal vez se piense así, porque se ha visualizado a una persona perfecta como la que nunca falla, nunca miente, nunca fracasa, nunca se enoja, nunca está triste, en fin. Sucede que las personas somos perfectibles. Ese hueco en el corazón ha de llevarnos a buscar lo trascendente, así podremos comprender que el mundo es maravilloso y que el recorrido por nuestra vida con lo que ésta conlleva: familia, amistades, trabajo, estudio, éxito, dinero, etc., ha de ir muy de la mano con una lucha interior por ser 'perfectos', esto es, adquirir los valores que nos aseguran una vida más plena, para empezar menciono algunos :
Amor. Caridad. Ética. Honradez. Bondad. Modestia. Solidaridad. Amistad. Prudencia. Responsabilidad. Deber. Fortaleza. Lealtad. Libertad. Justicia. Igualdad. Templanza. Integridad personal. Fidelidad...
La perfección a la que me refiero es la que hace que estemos en constante lucha por ser mejores ¿para nuestro beneficio? si, porque nos ayudan a tener soberanía sobre nuestros verdaderos contrincantes (defectos, vicios, orgullo, egoísmo, etc.)
Esforcémonos cada día por vivirlos, así tendremos más dominio de una personalidad verdaderamente auténtica y libre. Seremos buenos padres de familia, mejores hermanos y amigos, valiosos en el trabajo, ciudadanos de ejemplo, etc. Estaremos trabajando en la construcción de un mundo superior. En la medida que cada uno se afane por vivirlos, estará siendo ejemplo para quienes le rodean.
Pienso que la verdadera 'Perfección' es la que nos lleva a vivir amándonos, perdonándonos, para poder amar a los demás sin medida, tarea nada fácil si sabemos percibir la serpiente de mil cabezas del egoísmo que habita en nosotros.
Salvar a este mundo... yo? si, si empiezo por mi mundo interior y lo voy exteriorizando al prójimo con un amor desinteresado, amando y respetando los intereses y las vidas ajenas, cuidando y preservando la naturaleza en la que vivo. El verdadero amor es bellamente contagioso, pero tan desconocido por muchos. La lucha empieza hoy, somos guerreros de un día, ya que el siguiente no nos compete aún. Los jóvenes y niños tienen ejemplos bastante raquíticos de Adultos Integros. El mundo cambia a cada instante para bien o para mal. Seamos de los esforzados por conquistar a nuestros peores adversarios que al someternos nos degradan y nos esclavizan.

1 comentario:
Muchas gracias por el artículo. Pienso que la verdadera perfección se consigue gracias al amor, porque el amor nos da alas para alcanzar las cumbres más elevadas de las virtudes y porque el amor respeta la propia dignidad de cada persona, y quiere lo mejor de ella y para ella.
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