martes, 6 de septiembre de 2011

Mascotas en casa...



Es la última mañana de agosto y el sol baña las camelinas, el aire las mece suavemente, parece que estuviesen jugando. Y mientras observo tan apacible suceso, Odette me mira con su acostumbrada ternura, ella suele ser una excelente compañera, con su mirada acompaña. Me admira la lealtad de las mascotas; Odette es una perrita salchica miniatura, golondrina; recién cumplió un año de vida y acaba de tener seis hermosos cachorros. Otra lección para nosotros de parte de Odette, tan responsable, tan dedicada a ellos.
Hace tiempo llegué a la conclusión de que es la raza que se adapta mejor a mi forma de ser, con su comportamiento parece que hablara, además no tienen igual en obediencia, en entendimiento y compañía. Qué grande es Dios al darnos a estos seres que parecen portar luz en su mirada.  La ternura y alegría de Putsi ,una salchicha miniatura, roja, nos alienta; pareciera que hay sabiduría en su ser.
A mi regreso a casa de Monterrey, noté varios cambios en algunas de nuestras mascotas y no salgo de mi asombro; como que Odette simplemente descubrió la forma de abrir la puerta que proteje de los moscos y se mete a la recamara de su dueña, simplemente lo hace con tanta seguridad que nos deja boquiabiertos; claro está que mas tarda en entrar que en salir. Chispa, es una Chihuahua miniatura de color blanco, que al abrir el coche para sacarlo de casa, inmediatamente se sube y se acomoda en el asiento delantero, como quien se sabe dama de compañía. Tanto Chispa como Putsi llegaron adultas a casa, y pareciera que hubiesen nacido aquí porque se han adaptado a todos y demuestran cariño como el que siempre ha vivido aquí.
Es curioso, de todo el séquito de perritos que tenemos en el patio, son Chispa y Putsi las que salen a recibir y despedir a las visitas. Lo hacen ceremoniosamente, y pareciera que ensayaron dicho acto. Son animales increíblemente maravillosos. Esa labor le correspondía a Odette, quien no sólo daba bienvenida y despedida a las personas; sino que las entretenía. Presurosa les traía su pelota para que se la aventasen una y otra vez, era incansable, hasta que llegó el momento de la preñez.

No soy muy afecta a acariciarles como cuando era niña y adolescente; pero sí que puedo pasar tiempo mirándoles a los ojos y ellas me corresponden. En esa mirada hay un lenguaje poco común, pero reconfortante, porque es claro que su mirada habla. Tienen sentimientos y necesidades, y ambos son comunicados con sus miradas; para entenderles, sólo es cuestión de paciencia.

No es difícil dar crédito a tan famoso dicho que reza así: "El perro es el mejor amigo del hombre". En tiempos tan aciagos, es reconfortante tener estas incondicionales compañías en casa.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Sensible...


"¿Es cierto que Susi se va a casar?", la única respuesta de mi madre fueron lágrimas abundantes. Y nosotras empezamos con nuestro acostumbrada alharaca, "No llores otra vez mami", otra de mis hermanas le aseveró, "si no se va a morir, sólo se va a casar", para mi madre no había consuelo, una de sus hijas se iba de casa.

Cómo me viene a la mente esta imagen de mi madre (en mi adolescencia), que con cada incidente se volvía más y más sensible. Ahora la veo tan serena, tan sabia. Acepta la vida como viene. Esto no quiere decir que no tenga sueños; sin embargo, tiene los pies bien puestos en el suelo.

Mi madre es una mujer admirable, de ella recuerdo que siempre mencionó a Dios como un ser tan amoroso, pero tan poderoso, "con Dios no se juega", "no hay quien al cielo escupa, que a la cara no le caiga", "no hagan a los demás, lo que no quieran que les hagan", "den a los demás lo que les gustaría que les dieran", estos son algunos de los muchos dichos que fueron parte de nuestra educación.
Con el tiempo, la vida me ha permitido muchas de las experiencias que mi madre vivió con nosotros. Conforme pasa el tiempo, comprendo sus lágrimas y esta sensibilidad que se va apoderando de mi. Mis hijos han partido de casa y cada vez se van más lejos, la esperanza de verles con menor frecuencia duele.

Esto no significa que no esté de acuerdo con sus decisiones, todo lo contrario, me hace feliz saber que procuran ser generosos con Dios y que les atrae una vida de alto vuelo, mira que ya no hay muchos jóvenes que quieran entregar sus vidas por la salvación de las almas. Y no es que los jóvenes de hoy no sean buenos, claro que lo son. Es que, Dios es un extraño en sus vidas, y si no lo es, pues los padres de familia no los apoyan en tal alto llamado. O simplemente no tienen la vocación.

Lo que sí entiendo, es que desde que mis hijos se dan la oportunidad de ser generosos con Dios para saber si Él les llama; no han dejado de llegar abundantes gracias a nuestras vidas. Se nos permite ver la vida desde otra óptica y vivimos agradecidos por ello. Estoy convencida que Dios nos toma muy en serio porque le alegra que, apesar de nuestras debilidades, procuramos cumplir su voluntad.

Ahora, como mi mami, sé que me toca mantener a mi familia unida. Que es en la oración donde puedo abrazar fuerte a mis dos varones y en ella permanecemos estrechamente unidos. Que mis hijas me necesitan y las necesito. Que mi esposo y yo disfrutamos a los tres peques que nos endulzan los oídos cuando nos gritan "¡Hola abuelo, abuela!".

Mi madre es un tema largo y profundo, como lo es el de toda mujer que ha apostado su vida por los suyos. Es una mujer santa que con su ejemplo me impulsa a ser mejor; porque, en definitiva, me falta mucho para llegar a ser como ella. Agradezco a Dios por tenerla entre nosotros y porque sigue siendo ejemplo para toda la familia. Dios te bendiga mami.

Pulgarcita



¡Es tan curiosa!que a sus dos meses de edad, apenas mide unos diez centímetros de su diminuto lomo. Apenas tenía dos semanas de nacida cuando mi hija la comparaba con sus hermanos y decía "mira mamá, está bien enanita", y para clasificarla del resto de su camada, surgió espontáneamente llamarla Pulgarcita.

Es toda ternura y alegría, retoza como sus hermanitos, sólo que tiene que replegarse en una esquina para que no la pisen. Cuando la tenemos cerca, no deja de regalarnos besos con su pequeña lengua. Si parece un perrito de juguete, y cuando mueve la cola, pareciera que le pusimos cuerda.

Nos prodiga tanto cariño que da la impresión que tuviésemos un corazón en la mano, en vez de una cachorrita. Toda ella es expresión de dulzura y candor.

¿Venderla? en realidad a eso nos dedicamos, a reproducirlos y venderlos, pero cómo nos está costando trabajo tomar la decisión con Pulgarcita. Se ve tan frágil, tan delicada; de verla, de cargarla sólo dan ganas de protegerla. Es como un juguete, pero con el objetivo de iluminar los momentos en que se le tienen. No podemos quitarle los ojos de encima, por el asombro que nos provoca su minúsculo tamaño.