sábado, 27 de agosto de 2011

Son casi tres décadas…

Con su acostumbrada generosidad,  la vida me otorga la oportunidad de compartir varios días con uno de mis hijos, quien hace 10 años salió del hogar para emprender el camino a su destino, y no puedo menos que levantar la vista al cielo llena de gratitud, de humildad, de asombro...

No es fácil revisar las hojas escritas de mi vida. Revaloro el tesoro de mi familia, de mi matrimonio. Han pasado casi tres décadas, y hemos pasado por tantas cosas, que apenas lo puedo creer. Crecieron nuestros hijos, y en ese poderoso torbellino que llamamos vida, hemos tenido la oportunidad de vivenciar hechos muy variados, tristes, confusos, difíciles, de mucho egoísmo; aunque sería injusto dejar de mencionar los momentos positivos e increíbles.

Somos un matrimonio, que siendo muy jóvenes recibimos con gran alegría y gratitud a cuatro pequeñines, que al ir creciendo nos fueron enfrentando a  todo tipo de retos. Además, en medio de la rutina y dificultades, se hicieron presentes la impaciencia, la intolerancia, esa falta de virtudes y valores que a fuerza de golpes fuimos adquiriendo y afianzando. Las charlas sobre nuestros pequeños fue una constante en casa. Cuando llegó la inevitable adolescencia de nuestra primera hija, tropezamos mucho al no saber cómo guiarla; sin embargo, esta primera experiencia ayudó lo suficiente para poder abrigar con paciencia al resto de nuestros hijos.

Y por si fuera poco, ya somos abuelos. Esos pequeñuelos, con sus ocurrencias y ternuras, aderezan nuestras vidas. Esta “segunda maternidad” tiene  también sus retos. Y esta segunda familia, nacida de la nuestra, es un milagro patente del Amor.

Por eso, cada día, elevo oraciones por todas las familias del mundo, para que puedan descubrir, en medio de las dificultades y rutinas de la vida, que forjar un hogar, bien vale todos los sacrificios y renuncias necesarias, porque conformamos una comunidad con lazos irrompibles. Si la educación la sustentamos en sólidos principios morales, recibiremos bendiciones abundantes, porque se lucha en medio de la fe y la virtud (a pesar de nuestra frágil condición); en cambio, si carecemos de una conciencia recta, de un esfuerzo continuo por mejorar, nuestros hijos padecerán las consecuencias de una débil formación, y recaerá sobre nosotros una maldición que parecerá no tener fin: los niños de ayer se convertirán en oscuras sombras de jóvenes y adultos del mañana que nos perseguirán amenazantes y nos agobiarán durante la vejez. Los padres no estamos exentos de caer, pero en la lucha por permanecer de pie, es como se van recibiendo las gracias necesarias.

¡La Familia vale la pena!  Es la mejor universidad para graduarse como ser humano, porque allí aprendemos a dar, a ofrecer, a renunciar, a orar... en definitiva, nos impulsa a enfrentar el apasionante reto de vivir.

miércoles, 17 de agosto de 2011

"El Valor de la Persona..."

Hace algún tiempo comprendí que cada ser humano tiene la misma dignidad; ésta se nos es dada por el hecho de ser Hijos de Dios, así de sencillo. Para mí no fue difícil adquirir esta convicción; sin embargo, hace poco leí lo siguiente (intentaré plasmarlo lo más breve posible) :
  • Que hoy día a las personas se les valora y se valoran por lo que tienen: La economía hace automáticamente clasificaciones entre las personas, pero eso de darle valor intrínseco al ser humano por lo que tiene... mmm... no me cuadra.
  • De igual forma a las personas se les valora y se valoran por el o los éxitos que han alcanzado.
  • El poder es otra forma de darle valor a las personas.
  • Por su capacidad intelectual, también se valoran a las personas.
¡Cuán engañados estamos! porque todo lo que acabo de mencionar, son bienes, oportunidades que la vida nos otorga o no, ya que el intelecto, el temperamento, el éxito y todo, todo nos ha sido dado. Me pregunto... En qué situación se encontraría la persona si los "bienes" mencionados le fuesen quitados: Fortuna, Poder, Inteligencia, Éxito... etc. "En caso de sufrir un accidente y quedar postrados en cama de por vida, imposibilitados de movimiento" ¿Cuánto valdríamos? ¿Aún tendríamos dignidad?

¿SOY UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN?

Soy una mujer que se auto-denomina de carácter simple, sencillo, amante de la naturaleza, bueno, de la Creación y de la naturaleza humana, creo que esto abarca mi interés por todo.

Soy una rareza, ya que cada día rezo a Dios por cada creatura de este mundo, llámese planta, animal y por supuesto humano; y, por otro lado soy de una apatía que da miedo, soy tímida, que no es lo mismo que seria, tiendo a la pereza pero vivo en la lucha por llevar a contra-corriente mis defectos.

Estoy convencida de que las personas tenemos el deber del auto-conocimiento y más allá; me refiero a conocer lo más objetivamente nuestro pasado y presente, porque lo subjetivo es inherente, creo que ayudaría mucho.

Intento de manera sencilla plasmar cuánto pienso y siento.

Gracias por este día!