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| Profunda ilusión con cada bebé que llegaba |
Recuerdo que en los años 70's empezó una estrategia publicitaria que permeó la mentalidad de muchos, con comerciales que aparentaban una vida más dedicada a los hijos ayudandoles en sus tareas, etc., todo esto para empezar a meter en la sociedad la idea 'anti-vida'.
'La familia pequeña vive mejor', 'Pocos hijos para darles más', eran algunos de los eslogans que martillaban las mentes de las familias.
Nos casamos entrados los años 80's y era, digámoslo así "ley mental" en la sociedad, porque gracias a Dios no existía la prohibición como tal. : sólo se permitían dos hijos. Sin embargo, cuando nuestro tercer hijo anunció su llegada, a no pocos les disgustó. ¡Cómo nos atrevíamos a tener un hijo más!, "si ya somos muchos", "¿cómo le harán para mantenerlos?", "qué inconscientes", fueron algunos de los comentarios que recibimos. No nos afectó, nuestra fe nos llevó a confiar no en los hombres, sino en la providencia de Dios. Y aunque nos hicieron sentir incómodos, no permitimos que estas actitudes nos arrebataran la gran ilusión de la nueva llegada del quinto integrante de la familia.
Tres años después, llegaría la cuarta bebé y nuevamente agradecimos por tan alto regalo. Durante la espera de cada bebé nos volvíamos locos de felicidad, disfrutabamos cada paso del embarazo, y aunque al final no era fácil por la incomodidades, era justo cuando los amaba más, porque ya sufría con amor.
Han pasado casi 16 años de nuestra cuarta hija, y hemos de reconocer que Dios ha estado presente en nuestras vidas de manera increíble. No somos una familia prominente económicamente hablando, pero sí somos millonarios por el tesoro que Dios nos ha encomendado. No falta pan a la mesa ni trabajo. Ah! Dios se hizo el séptimo miembro de esta familia y nos ha sostenido unidos de manera asombrosa. Con Dios en casa y en nuestras vidas se respira paz en casa.
Dios ha hecho de nosotros una familia bastante extraña, de las pocas hoy en día, de aquéllas que están en extinción, aquéllas tan perseguidas y muy poco valoradas. Dios unió nuestra familia, porque cuando un hombre y una mujer se unen ante Dios ya forman una familia y es Dios quien la ha enriquecido con nuestros hijos y la ha mantenido unida. ¿Problemas? ¿contratiempos? ¿enfermedades? ¿Carencias? sí, a montones, pero ahora que miramos hacía atrás vemos que han sido valiosas lecciones que Dios va permitiendo para aprender que esta vida es caduca y que la venidera se gana venciendo los obstáculos con Fe, Esperanza y Amor.
No ha sido fácil, no lo es, pero con Dios a nuestro lado, la vida se vuelve apasionante, aunque muchas veces nuestras flaquezas no nos permitan verlo así. Caemos tantas veces al día, pero sabemos que tenemos una familia que nos ama por lo que somos y no por lo que tenemos o por quienes somos ante la sociedad. Es nuestro terruño, nuestro hogar. Cuando nos podemos reunir y compartir éxitos y fracasos se vuelven momentos únicos y van directo al baúl de los recuerdos que radica en nuestros corazones.
De seis, aún quedamos tres en casa, pero los seis estamos profundamente unidos en los corazones, y todos muy bien acompañados porque Dios ¡qué caray! va con nosotros siempre. Y la familia no queda en papá, mamá e hijos, porque Dios nos permite ver como crece, pues son ya tres pequeños nietos que alegran la casa cuando nos visitan.
La Familia siempre será esa bella institución que nos alberga y nos prepara para la vida y siempre nos recibe con el corazón. Y, aunque muchas veces se quiere tirar la toalla, bien vale la pena soportar las adversidades, porque los huracanes y las tormentas suelen afectar de vez en vez, pero el sol vuelve a salir si logramos pensar más en nuestra familia que en nosotros mismos.

1 comentario:
La familia es un regalo incomparable de Dios, porque nos ayuda y acompaña siempre: en las buenas y en las malas. Muchas gracias por el artículo. Muy bueno.
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